Los seres humanos, fuimos creados para tener comunión con Dios. Desde el principio, la intención de nuestro Padre Celestial; es que al escuchar su voz por medio de su palabra, su Santo Espíritu o personas; seamos obedientes y atendamos al llamado que nos está haciendo para seguir, servir y obedecer su buena, agradable y perfecta voluntad. ¿Cómo identificar si la voz que estoy escuchando es la voz de Dios? ¿Qué significa atender el llamado de Dios? ¿Cuándo es el momento preciso, para atender el llamado que Dios nos está haciendo? En este libro, encontrarás las respuestas a cada una de estas preguntas; y serás guiado, inspirado y bendecido con cada capítulo aquí presentado..
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Este capítulo enseña que el mayor obstáculo para responder al llamado de Dios no son las limitaciones personales, sino las excusas, el miedo, la vergüenza y la desobediencia. A través de los ejemplos de Adán, Eva, Jeremías y Moisés, el autor demuestra que Dios no llama a personas perfectas, sino a personas dispuestas a confiar en Él. La edad, el pasado o las debilidades nunca son impedimentos cuando Dios decide usar a alguien, porque Él mismo capacita y respalda a quienes obedecen su voz.
El llamado de Dios comienza con la invitación a la salvación, pero también incluye el privilegio de servir y participar en la expansión de Su Reino. El autor explica que muchos reciben el llamado, pero solo aquellos que responden con obediencia y perseverancia llegan a vivir plenamente su propósito. Mediante su propio testimonio ministerial, muestra que Dios transforma vidas, usa la fidelidad en las pequeñas responsabilidades y prepara a sus hijos para tareas mayores conforme responden con humildad y disposición.
Este capítulo distingue entre los talentos naturales y los dones espirituales, explicando que ambos provienen de Dios y deben utilizarse para edificar a otros y glorificar a Cristo. El autor enfatiza que los dones espirituales son desarrollados mediante la formación, el discipulado y el servicio constante dentro de la iglesia. Así como Pedro fue transformado de pescador a apóstol, Dios continúa formando a quienes responden a Su llamado y se someten al proceso de preparación espiritual.
El autor aborda uno de los desafíos más difíciles del ministerio: la falta de apoyo y la inseguridad de otros líderes. Basándose en su experiencia personal y en la historia de Saúl y David, demuestra que la inseguridad, la comparación y los celos pueden convertirse en grandes obstáculos para el Reino de Dios. Sin embargo, recuerda que el éxito del llamado no depende de la aprobación humana, sino de la fidelidad de Dios, quien sostiene y cumple su propósito en aquellos que permanecen firmes en medio de la oposición.
Este capítulo destaca que la mayor evidencia del llamado de Dios no es el éxito visible, sino la fidelidad constante. El autor enseña que Dios no busca personas impresionantes, sino siervos que permanezcan firmes en la obediencia, aun cuando nadie los vea o reconozca. La fidelidad en las pequeñas responsabilidades prepara el camino para mayores oportunidades, porque el Señor recompensa a quienes perseveran con integridad y constancia, confiando más en su carácter que en sus resultados.
El autor explica que responder al llamado de Dios siempre implica sacrificio, renuncia y obediencia. A través de su propia experiencia y del ejemplo supremo de Jesucristo, muestra que servir al Señor requiere morir al orgullo, a los intereses personales y al deseo de reconocimiento. Aunque el ministerio tiene un costo, ninguna renuncia hecha por amor a Cristo se compara con el privilegio de conocerle, caminar con Él y participar en el cumplimiento de su propósito eterno.
Este capítulo afirma que el llamado de Dios permanece firme porque descansa en Su fidelidad y no en la perfección del ser humano. Aunque las caídas, los errores, las heridas o las temporadas difíciles puedan retrasar el camino, no tienen el poder de anular el propósito divino. Dios restaura, fortalece y continúa obrando en aquellos que se arrepienten y permanecen cerca de Él, demostrando que quien inicia la buena obra también la llevará hasta su cumplimiento.
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